sábado, 24 de enero de 2015

Prólogo, versión 1



Aquella noche de jueves carente de nubes podía verse, al igual que cada noche similar, el mismo hombre observando el cielo. Seria su rutina desde hace ya 6 años. No podía evitar fijarse siempre en el fenómeno que atravesaba un cuarto del cielo, menos todavía si se encontraba en uno de los pocos lugares en el mundo sin contaminación lumínica total. Detrás de el, uno de los doce centros de la O.M.I.G. (Organización Mundial de Investigación de la Grieta), equipada con telescopios y laboratorios para investigar con detalle y precisión este fenómeno en el cielo conocido desde hace miles de años como “La Grieta”. Su nombre no era ninguna coincidencia, esta era literalmente una gran línea que recordaba a las grietas que se forman cuando comienza a quebrarse un cristal, solo que más ancha, brillante de un color amarillo opaco, y en vez de cristal, el cielo. Nadie sabia con certeza como se había originado la misma, ni que era, mas allá de que había aparecido en el cielo de este mundo hace ya cinco mil años. Los registros son vagos y muy pocos, todos coinciden en que hubo un eclipse de sol, aquellas personas que se encontraban en la parte del mundo capaz de presenciarlo fueron testigos de otro evento mucho mas sorprendente; el resquebrajamiento del cielo. Los escritos coinciden en que duró exactamente lo mismo que el eclipse, quince minutos desde que el centro de la grieta apareció, hasta que ambas puntas terminaron de extenderse. Todo lo demás suele ser divagatorio y poco sostenible, variando según la religión de cada escriba. Años después se formaría la O.M.I.G. que en ese entonces contaba con al menos un gran pensador de cada país. Poco se lograría en esos primeros años, y durante mucho tiempo, la misma se vería sumida en el olvido tras no poder lograr su propósito original. No fue hasta que el avance de la tecnología se propagase que la organización recobraría importancia en el mundo.

El hombre se dio vuelta, avanzando hacia el laboratorio, el carnet en su bata leía: “Nicholas Stein, Jefe de Investigación Científica”. Escucho entonces una gran explosión, o tal vez, ¿Fuegos artificiales para celebrar? No tenia sentido. Tanteo su arma, aliviado, tomó un gran respiro. Algunas personas buscaban estancar la investigación desde adentro, ninguna precaución era suficiente, no desde la última vez. Algo andaba mal, en ese preciso momento esperaban que el primer satélite enviado a la grieta, hace ya 200 años, llegara a las inmediaciones de la misma. Era uno de los momentos mas importantes en la historia, y el estaba a cargo. Una responsabilidad inmensa sin duda. Lo que menos esperaba era encontrarse con el caos total. Todas las alarmas sonaban, las pantallas que no mostraban error estaban en rojo de tantos problemas.
-“¡Por toda la mierda! John, ¡¿Qué esta pasando?!” - John, segundo a cargo, el joven científico más prometedor del año según todas las instituciones conocidas, tenia la mirada llena de preocupación y angustia. Tartamudeo dos veces y al fin logro hablar.
- “Perdimos contacto con el satélite PEH 27, aunque algunos censores siguen funcionando, el calor, la presión, o algún otro factor desconocido lo esta afectando mucho mas de lo que esperábamos. Además… hay otro problema mas grande…” – calló por un momento.
- “¡¿Mas grande aun que la perdida de la misión mas importante de la historia?! No me digas que…” – John volvió a hablar, asintiendo.
- “Si señor, las alarmas se activaron hace unos segundos con la explosión, recibimos confirmación de que E.D.D. ataco el laboratorio tres, quince muertos y mas de cincuenta heridos, la unidad de seguridad esta encargándose de la defensa, deberían eliminar la amenaza en menos de veinte minutos. Pero no es seguro.”- Esto último lo dijo mas preocupado. Maldita sea pensó, Escudo de Dios, la organización terrorista convencida de que la investigación de La Grieta solo llevaría a la destrucción del mundo. Fueron responsables de muchas muertes, y de la perdida de laboratorios a lo largo del mundo a través de la historia. Pero justo ahora… era el peor escenario posible. Las alarmas dejaron de sonar. Nicholas soltó el aire que había guardado sin darse cuenta, un minutos mas y tendría que tener a algún asistente dándole una palmada en la espalda para evitar morirse atragantado. Entonces se dio cuenta que ninguna pantalla mostraba algún dato. Era imposible, se dio vuelta y miro a John a los ojos.
-“Señor. Perdimos el PEH 27. Si se encuentra allí o no, saberlo es impo…”- No dijo nada mas, corto la frase en seco y se quedo inmóvil, una bala había atravesado su ojo derecho, tras unos segundos, cayo al suelo.
-“¡NO!” – Desenfundo su arma y disparo al científico con un arma en la mano, abatiéndolo con el primer disparo. Era uno de los nuevos miembros del grupo de investigación. Maldijo de nuevo a los terroristas, de repente, sintió como lo tiraban hacia atrás. Era el Jefe de la Unidad de Seguridad.
-“Esto se va a poner feo, tenemos que irnos, ¡Ahora!- Escaparon por la misma puerta por la que había entrado hace unos minutos. Frente a la misma había ahora uno de los helicópteros de la organización. Su estado de shock apenas lo dejaba comprender lo que estaba pasando. Se alejaron de las instalaciones mientras veía el humo levantarse sobre los demás laboratorios. Esta vez, sin darse cuenta, lo dijo en voz alta:
- “Nunca serán suficientes precauciones, nunca.”

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