Aquella
noche de jueves carente de nubes podía verse, al igual que cada noche similar,
el mismo hombre observando el cielo. Seria su rutina desde hace ya 6 años. No
podía evitar fijarse siempre en el fenómeno que atravesaba un cuarto del cielo,
menos todavía si se encontraba en uno de los pocos lugares en el mundo sin
contaminación lumínica total. Detrás de el, uno de los doce centros de la
O.M.I.G. (Organización Mundial de Investigación de la Grieta), equipada con
telescopios y laboratorios para investigar con detalle y precisión este
fenómeno en el cielo conocido desde hace miles de años como “La Grieta”. Su
nombre no era ninguna coincidencia, esta era literalmente una gran línea que
recordaba a las grietas que se forman cuando comienza a quebrarse un cristal,
solo que más ancha, brillante de un color amarillo opaco, y en vez de cristal,
el cielo. Nadie sabia con certeza como se había originado la misma, ni que era,
mas allá de que había aparecido en el cielo de este mundo hace ya cinco mil
años. Los registros son vagos y muy pocos, todos coinciden en que hubo un
eclipse de sol, aquellas personas que se encontraban en la parte del mundo
capaz de presenciarlo fueron testigos de otro evento mucho mas sorprendente; el
resquebrajamiento del cielo. Los escritos coinciden en que duró exactamente lo
mismo que el eclipse, quince minutos desde que el centro de la grieta apareció,
hasta que ambas puntas terminaron de extenderse. Todo lo demás suele ser
divagatorio y poco sostenible, variando según la religión de cada escriba. Años
después se formaría la O.M.I.G. que en ese entonces contaba con al menos un
gran pensador de cada país. Poco se lograría en esos primeros años, y durante
mucho tiempo, la misma se vería sumida en el olvido tras no poder lograr su
propósito original. No fue hasta que el avance de la tecnología se propagase
que la organización recobraría importancia en el mundo.
El hombre
se dio vuelta, avanzando hacia el laboratorio, el carnet en su bata leía:
“Nicholas Stein, Jefe de Investigación Científica”. Escucho entonces una gran
explosión, o tal vez, ¿Fuegos artificiales para celebrar? No tenia sentido. Tanteo
su arma, aliviado, tomó un gran respiro. Algunas personas buscaban estancar la
investigación desde adentro, ninguna precaución era suficiente, no desde la
última vez. Algo andaba mal, en ese preciso momento esperaban que el primer
satélite enviado a la grieta, hace ya 200 años, llegara a las inmediaciones de
la misma. Era uno de los momentos mas importantes en la historia, y el estaba a
cargo. Una responsabilidad inmensa sin duda. Lo que menos esperaba era
encontrarse con el caos total. Todas las alarmas sonaban, las pantallas que no
mostraban error estaban en rojo de tantos problemas.
-“¡Por toda la mierda! John, ¡¿Qué esta
pasando?!” - John,
segundo a cargo, el joven científico más prometedor del año según todas las
instituciones conocidas, tenia la mirada llena de preocupación y angustia.
Tartamudeo dos veces y al fin logro hablar.
- “Perdimos contacto con el satélite PEH 27,
aunque algunos censores siguen funcionando, el calor, la presión, o algún otro
factor desconocido lo esta afectando mucho mas de lo que esperábamos. Además…
hay otro problema mas grande…” – calló por un momento.
- “¡¿Mas grande aun que la perdida de la
misión mas importante de la historia?! No me digas que…” – John volvió a
hablar, asintiendo.
- “Si señor, las alarmas se activaron hace unos
segundos con la explosión, recibimos confirmación de que E.D.D. ataco el
laboratorio tres, quince muertos y mas de cincuenta heridos, la unidad de
seguridad esta encargándose de la defensa, deberían eliminar la amenaza en
menos de veinte minutos. Pero no es seguro.”- Esto último lo dijo mas
preocupado. Maldita sea pensó, Escudo de Dios, la organización terrorista
convencida de que la investigación de La Grieta solo llevaría a la destrucción
del mundo. Fueron responsables de muchas muertes, y de la perdida de
laboratorios a lo largo del mundo a través de la historia. Pero justo ahora…
era el peor escenario posible. Las alarmas dejaron de sonar. Nicholas soltó el
aire que había guardado sin darse cuenta, un minutos mas y tendría que tener a algún
asistente dándole una palmada en la espalda para evitar morirse atragantado.
Entonces se dio cuenta que ninguna pantalla mostraba algún dato. Era imposible,
se dio vuelta y miro a John a los ojos.
-“Señor. Perdimos el PEH 27. Si se encuentra
allí o no, saberlo es impo…”- No dijo nada mas, corto la frase en seco y se
quedo inmóvil, una bala había atravesado su ojo derecho, tras unos segundos,
cayo al suelo.
-“¡NO!” – Desenfundo su arma y disparo al
científico con un arma en la mano, abatiéndolo con el primer disparo. Era uno
de los nuevos miembros del grupo de investigación. Maldijo de nuevo a los
terroristas, de repente, sintió como lo tiraban hacia atrás. Era el Jefe de la
Unidad de Seguridad.
-“Esto se va a poner feo, tenemos que irnos,
¡Ahora!- Escaparon por la misma puerta por la que había entrado hace unos
minutos. Frente a la misma había ahora uno de los helicópteros de la
organización. Su estado de shock apenas lo dejaba comprender lo que estaba
pasando. Se alejaron de las instalaciones mientras veía el humo levantarse
sobre los demás laboratorios. Esta vez, sin darse cuenta, lo dijo en voz alta:
- “Nunca serán suficientes precauciones, nunca.”
